miércoles, 29 de abril de 2015

SANTOS, SASTRE DE LUCES Y COLORES ( y II )


Los toreros están orgullosos de sus trajes. Se visten para ellos mismos, pero se visten también para los demás, para los otros toreros especialmente. El vestido marca su status, no sólo debe ser funcional y bello, además puede ser recargado, singular, novedoso, elegante o caro. En los callejones de las plazas, se escrutan los trajes, se mira si resulta elegante como consecuencia del gusto del matador, si es más caro de lo habitual pues indica la situación en el escalafón de los ingresos, si incorpora un nuevo diseño que lo singularice. Los capotes de paseo que serán colgados de las barreras, son un escaparate del torero, ahí no hay funcionalidad, son sólo productos indicativos de su personalidad. Todo son muestras de la situación del torero, de sus anhelos, de su capacidad, de su gusto, de su “poderío” y como tal se toman.



No todo es gran diseño y novedades, los trajes de toreros, también son para subalternos que buscan colores sufridos y bordados sencillos, ligeros y, evidentemente, baratos. El proceso es el mismo. La elección de la tela, el corte preciso, el cosido firme, la adición de los bordados, por más ligeros que sean. Como bien se ve en la plaza, también entre los subalternos hay categorías y hay quienes se dejan ver más con el toro y también con sus trajes. La plata de los adornos no es obstáculo para realizar trajes vistosos y bellos, tanto como los de los matadores.



Los vestidos se hacen morosa, artesanalmente, pero casi siempre con prisas. En invierno se pueden ver nuevos diseños, pensar en los colores. No es una tarea fácil, Santos nos muestra como pasa de la idea de un adorno al diseño del traje y, claro está, requiere buen gusto, conocimiento y capacidad y como siempre tiempo. Pero la temporada es corta y todos quieren estrenar sus trajes en Valencia, Sevilla y, especialmente, Madrid. Los encargos se amontonan y las fechas no dan de sí, las noches son una prolongación de la jornada de trabajo, como bien he vivido en mi casa de hijo de modista. Pero al final, los trajes están dispuestos y nadie pregunta el esfuerzo que han costado, sino la calidad que demuestran.



Hay anhelos y esperanzas detrás de los trajes de torero, como hay desilusiones y penas. Los trajes que se están montando conviven con los que hay que arreglar. Los cambios de talla son imperceptibles para el torero que debe estar embutido en su traje, una somera pérdida o aumento de peso tiene consecuencias que hacen modificar el traje y no todos pueden permitirse hacerse trajes nuevos cada año. También el ritmo de arreglos es una muestra de la situación del torero, sea este matador o subalterno.



La picaresca sobrevive en el mundo del toreo, si bien, como en la sociedad toda, se mantiene a duras penas. La rumbosa costumbre de ir haciéndose trajes y abonarlos a final de temporada, dejaba muchos huecos en una sociedad que debe ajustar precios, sueldos y trabajos. Ahora los encargos se pagan, sin tener que esperar a que aparezca el mozo de espadas a liquidar la temporada.





Santos vive desde su taller de la calle O’Donnell las grandezas y servidumbres del mundo del toreo, como un protagonista de excepción. Los trajes para las figuras, para los toreros emergentes, los clientes de siempre, la colaboración con grandes modistos, la consolidación de su prestigio que le abrirá nuevas vías. Es un trabajo paciente, de dedicación y vocación, y aunque diga que llegó al oficio por casualidad, a la sastrería de Fermín, desde luego se quedó en él por su capacidad, por reunir esa mezcla de gusto, trabajo, decisión y aptitud que se necesita para destacar en cualquier oficio singular.




La sastrería es un reflejo del mundo de los toros, requiere destreza, oficio, capacidad, gusto y trabajo duro, tiene altibajos, competencia y jerarquías, es depositaria de secretos del toreo, confidencias y sobre todo es, como el toreo mismo, una fecunda mezcla de oficio y arte, que requiere la entrega y el buen hacer y al mismo tiempo con eso no basta para para presentar un buen producto. Hay que aprender, repetir, crear, repasar, rematar bien y hacerlo todas las veces, pues la hechura del traje, como los movimientos del torero, siempre están condicionados por la sensación del peligro real que acecha en todo momento, y aunque todo está preparado para evitarlo y disminuirlo, nunca deja de estar presente y eso se nota, también, en los movimientos pausados, sabios y precisos del taller de sastrería de toreros. 




Andrew, Santos y Andrés


Reportaje fotográfico de Andrew Moore

Publicado anteriormente: Santos, sastre de luces y colores ( I )


viernes, 24 de abril de 2015

JUAN MORA, CAUDAL DE TORERIA

Tiene Juan Mora una palabra delicada, concisa y expresiva que surge de una voz pausada, de tono bajo y dicción clara, que se expresa no sólo con corrección sino con precisión gramatical. Fruto evidente de muchas lecturas aunque se confiesa un lector reciente, lo que no deja de sorprender al oírle hablar.

Juan Mora en la Tertulia de Jordán

Debe ser riguroso en su formación cultural, como lo es en su preparación profesional. “Busco la naturalidad y dejarme llevar por la inspiración, por eso dedico mucho tiempo y esfuerzos a la preparación, pues el dominio de la técnica por el artista hace que la inspiración fluya con mayor facilidad, con mayor caudal, con un chorro más lleno y potente”

2 de octubre de 2010 en Madrid

Antoñete, a quien conoció de niño, ha sido su modelo. En el año 65, cuando la sorpresa luminosa de la faena al toro de Félix Cameno en Las Ventas ya andaba en tratos con su padre “El Mirabeleño”, quien montaba corridas y festivales por los pueblos de Andalucía y Extremadura y le llevó a torear 10 ó 15 toros antes de ir a Las Ventas. En la reaparición del 81, Juan Mora, quien ya era novillero, afirma haber estado muy atento, a los modos y distancias que mostró.

Antoñete
Foto: Constante

Acerca de su costumbre, tan inusual ahora de llevar el estoque de verdad, dice que así le enseñó su padre y cree que ayuda a la naturalidad de la faena pues la despoja de los tiempos muertos. Despojar al toreo de todo lo que no es esencial es una forma de buscar el clasicismo.

Foto: Manon

El miedo está implícito en la fiesta de los toros, quizá más en la fiesta de los toros que en otras actividades de riesgo, debido a su carácter ancestral, como sugiere Yolanda Fernández, pero está siempre rondando al torero, dice Juan Mora. Por eso dejar a la familia en casa para salir a torear merece una compensación económica, que si no resulta adecuada lo hace más difícil. Tal vez esté ahí la clave de su cierto desencuentro con los empresarios.


La charla pasa sobre temas que han salido en otras ocasiones, como el gusto por el detalle o las faenas soñadas en el hotel y convertidas o no en  realidad: “Tienes que tener las faenas muy pensadas para luego poder acoplarte a las condiciones del toro en la realidad”, quizá, pienso yo, como un jugador de ajedrez que tiene memorizadas docenas de aperturas con docenas de variaciones.

Con Beatriz Badorrey

Tiene mucho que decir Juan Mora en los ruedos y fuera de ellos, que no se agota en una charla y que quizá merezca la pena tratar de ordenarlas en un futuro, como ejemplo de una tauromaquia basada en una concepción clásica.

lunes, 20 de abril de 2015

SANTOS, SASTRE DE LUCES Y COLORES ( I )



Caracolas, conchas, chaboletas, corazones, adornos propios de chaquetillas toreras. Dibujos que cambian, evolucionan, se perpetúan y se renuevan. Formas bellas que se distinguen sólo vagamente de lejos, desde el tendido, que sólo se alcanzan a entender desde el callejón, desde las barreras, sólo por los muy entendidos, por los curiosos, los estetas, los profesionales.



El jaboncillo, las entretelas, los hilos de sorprendentes colores, los bordados realizados meticulosamente, con morosidad, son las señales de un taller de sastrería donde se despiertan los recuerdos de mi niñez y adolescencia. Santos maneja la gran tijera de cortar con pulso firme: “La primera que tuve me la regaló Fermín, que fue mi maestro”.



Un vestido extraño el de torero, arcaico y funcional, antiguo y con los tejidos de la más alta tecnología. Una coraza para el torero, la chaquetilla lleva siete capas, cinco entretelas, un retor y la tela, los alamares y las hombreras, los bordados en relieve y es, a la vez, un traje para un atleta, que permite toda clase de movimientos sin rigideces.



“Lo inventó Paquiro”, dice Santos, mientras nos enseña el taller, y desde entonces ha sufrido pocos cambios. Claro que las telas son distintas, ahora son de poliéster de gran calidad, como la ropa técnica de los deportistas de élite. 



Francisco Montes "Paquiro" antes de una corrida
Angel María Cortellini Hernández (1847)
Museo Carmen Thissen, Málaga

El muestrario tiene más de 50 tonos que reciben numerosos nombres según la imaginación y la sensibilidad de quien los nombra. En el libro Colores del toreo, Paco Delgado y Juan Pelegrín muestran hasta 121 tonos diferentes con su foto y la indicación de cuando fue usado y por quién, lo que amplía la nómina de colores, aunque ahora no existan todas las telas.



Tabaco, burdeos, azul pavo o rojo, que en el toreo se suele denominar impropiamente grana, son quizá los más clásicos o elegantes, más ligeros el blanco, verde manzana, rosa, azul celeste, más provocadores el amarillo en su versión pura o el naranja en su variedad butano, más sonoros el catafalco, nazareno, plomo, verdegay, más delicados el tórtola, canela, corinto o coral y así recorre la paleta interminable, que una vez combinado con los cabos (faja y corbatín), los bordados (oro, plata, azabache e incluso hilo blanco) y los adornos hacen de cada vestido algo único e irrepetible.



Picasso y Luis Miguel Dominguín, Armani y Cayetano, Christian Lacroix y Chamaco hijo, Francis Montesinos y César Jiménez, modistos que se han decidido y atrevido a diseñar trajes y toreros que los han lucido. También matadores como Luis Francisco Esplá se han diseñado sus vestidos. Pero diseñar es una cosa y coser es otra. 



Los patrones singulares, los bordados afianzados obligan a pasar por un sastre de toreros para asegurar el resultado. Los patrones, los bastidores para las telas elásticas, la sujeción de los adornos o la realización de los bordados son difícilmente trasladables a un taller de moda. La experiencia no es sólo un grado, es una necesidad. Santos ha colaborado con Armani en el traje de Cayetano, también los recientes y publicitados vestidos de torero de Madona son un ejemplo: han tenido que ser confeccionados por un sastre de toreros.



Las modas cambian, a golpe de ideas de diseñadores o de cambios de los gustos de los toreros: se alargan las taleguillas, se acortan las chaquetillas, con el mismo fin de estilizar la figura, se aumentan las hombreras o se resaltan las rosetas para mejorar la protección, se cambian los adornos de moritas por perlitas, o se desempolvan monteras más picudas a gusto del matador.


Alamares, machos, bordados y guarniciones forman el universo del taller de sastrería. Bordadora, sastra, cortador, maestro, se afanan en diseñar, cortar, coser, encarar, hilvanar, enjaretar, ajustar las diferentes piezas en un trabajo de artesanía de alto nivel.








Reportaje fotográfico de Andrew Moore

(Cont.)

jueves, 9 de abril de 2015

OTRO PASEO TAURINO MADRILEÑO

Por iniciativa de Rafael Cabrera Bonet, un grupo de una veintena de aficionados nos dimos un paseo por algunos recuerdos del Madrid Taurino.


Casa de Panadería en la Plaza Mayor, de cuyo uso como plaza de toros,
nos dio cumplida cuenta Rafael Cabrera Bonet

No fue un paseo, ni mucho menos, exhaustivo. sólo durante un par de horas recorrimos algunos lugares de Madrid donde la Tauromaquia ha dejado una huella en la historia madrileña y de los que hago una somera enumeración. Hay muchos más que han salido en otros artículos y libros y que hemos ido, o iremos, recorriendo y contándolo en este blog.


La Plaza de Santa Ana con el Hotel Reina Victoria al fondo

El teatro Español en la Plaza de Santa Ana donde Ignacio Sánchéz Mejías estrenó el musical Las calles de Cádiz y donde Federico García Lorca recitó por vez primera el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, es uno de los muchos recuerdos de la Plaza de Santa Ana, donde también está el Hotel Reina Victoria, y la cervecería Alemana y Viña P y la Pensión Filo y tantos otros sitios.


En la bonita taberna de Antonio Sánchez

La iglesia de San Sebastián donde una lápida recuerda que allí fueron bautizados Cúchares y Rafael El Gallo quien también casó en dicha iglesia con Pastora Imperio, aunque no recuerda a los Dominguines nacidos a su vera. como lo indica una placa en su casa de la calle del Príncipe, y allí bautizados.


Placa en el atrio de la iglesia de San Sebastián
donde figuran entre otros bautizados ilustres, Curro Cúchares y Rafael El Gallo

Los cafés de la Puerta del Sol, con las tertulias de toreros y políticos, la esquina de Montera y San Alberto donde estaba la iglesia de San Luis, donde se casó Frascuelo y cuya portada principal fue trasladada tras el incendio del templo al lateral de la iglesia del Carmen, en la Calle de la Salud, frente a donde estaba la casa donde vivía Pepe Hillo el día de su mortal cogida.


Algunos de los participantes en el paseo, camino de la Puerta del Sol,
delante de la sastrería de toreros de Justo Algaba

El Palacio de Gaviria construido por el gran ganadero de bravo de la primera mitad del siglo XIX, en la calle Arenal, casi enfrente de la casa donde murió Frascuelo (y 2) y una lápida lo recuerda.


En un arranque de entusiasmo esbozan un pase al alimón
en el bonito patio del Palacio Gaviria

Pasamos por la Plaza Mayor, cuyo tamaño, nos recuerda Rafael Cabrera fue el necesario para poder realizar en ella corridas de toros. Salimos de la plaza por la calle Toledo, en cuyo barrio nacieron y vivieron los primeros toreros madrileños, posiblemente debido a su cercanía al matadero de reses.


Cayetano Sanz, el primer gran torero madrileño


Acabamos frente a la casa del diestro madrileño Vicente Pastor, tan querido por sus contemporáneos, que le dieron la primera oreja que se cortó a un toro en Madrid, para ir a refrescarnos en la bonita, aunque mal gestionada y peor cuidada, taberna de Antonio Sánchez, que podría recoger un castizo recuerdo de las tertulias del primer tercio del siglo XX, que tan bien retrata Díaz-Cañabate, pero apenas deja ver los dibujos de sus paredes decoradas y ennegrecidas por el paso del tiempo.


Cartel en la taberna de Antonio Sánchez

Fotos de Juan Salazar

lunes, 6 de abril de 2015

DOMINIO Y QUIETUD

Dos maneras distintas de expresar el toreo el domingo de Resurrección en Madrid. Eugenio de Mora dominó a sus toros. Enganchó a su áspero primero que no tomaba el engaño y le obligó a seguir sus vuelos de muleta. En el cuarto explicó la necesidad del dominio dejando llegar mucho al toro en su primera serie de naturales para hacerle girar alrededor de su pierna izquierda, con mucha exposición y belleza. Brillaron también las dos últimas series de derechazos ligados y los ayudados por bajo de remate de faena, así como las estocadas.


Eugenio de Mora

Dominar al toro tiene el sentido de crear belleza con su dominio. No es un mero alarde de técnica, es la justificación de la tauromaquia. Un torero de formas poco refinadas como Eugenio de Mora, alcanza la belleza no por la composición de su figura, lo que sería pura marchosería o pinturería, sino por la expresión de su dominio. Cuando se deja llegar al toro con exposición y riesgo y se le hace girar alrededor de la pierna del torero, la belleza surge inexorablemente.


Eugenio de Mora
Tomada de Larga Cambiada

Víctor Barrio se expresa mediante su quietud y prestancia. Deja llegar al toro para vaciarle a su alrededor, sin perder la verticalidad. El dominio no es lo evidente, si lo es la quietud. Necesita Barrio más experiencia, para convertir su verticalidad en naturalidad y su aguante en dominio, pero mientras pule sus formas, deja retazos de buen toreo.


Víctor Barrio con un toro de singular capa barrosa
tomada de Larga cambiada


Todo esto en una tarde que para acabar con los flojos toros de Martín Lorca y familia, nobles, bien armados, de bellas y variadas capas, y desigual presentación, valieron seis estocadas, un pinchazo y dos descabellos, que hicieron una buena corrida para disfrute de aficionados.

Publicado en opinionytoros.com con fotos de Muriel Feiner